La conspiranoia como conspiración

Los atentados sobre las Torres Gemelas fueron obra del propio gobierno estadounidense, Neil Armstrong jamás pisó la superficie lunar, el Sida es un invento de laboratorio para acabar con poblaciones indeseables, en el 11M madrileño colaboraron islamistas, etarras, miembros del PSOE y de la Guardia Civil, el Holocausto jamás se produjo, y de hecho ni siquiera está demostrado de que la Tierra sea redonda…

Las últimas décadas han visto cómo las teorías más diversas y disparatadas se han ido introduciendo en el seno de sectores de la población ansiosos de un relato alternativo que les permita dar sentido a lo que ocurre a su alrededor. Pero el auge de Internet y la pérdida de credibilidad de unos medios de comunicación ahogados por las deudas y en pérdida creciente de credibilidad han multiplicado su difusión hasta límites difícilmente imaginables. La posibilidad, gracias a la Red, de constituir canales independientes de información, lejos de desenmascarar mentiras y montajes, no ha hecho más que favorecer la creación de estados de opinión contaminados por estas teorías hasta el punto de que países como Corea del Norte, China o Estados Unidos las utilizan como parte de su estrategia geopolítica.

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