Pruebas médicas: entre altruismo y beneficio propio

Natalia Lanciego lleva nueve años participando con cierta regularidad a las pruebas clínicas organizadas por el Hospital de Sant Pau de Barcelona. “Empecé casi por casualidad: una amiga mía enfermera me habló de estos ensayos y me pareció una forma fácil de ganarme un sobresueldo.” Tras haber participado en cinco pruebas, esta licenciada en pedagogía de 41 años no ve más que ventajas en esta actividad ya que se ha limitado a probar bioequivalencias, es decir medicamentos con fórmulas que ya están en el mercado pero que se comercializan a través de otra marca, sin más efectos secundarios posibles que los que pueden existir con cualquier medicamento. Otra ventaja considerable: los chequeos exhaustivos que le realizan antes y después de cada prueba. “Es como tener un seguimiento médico personalizado y gratis.”

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