“Uno de los mayores errores consiste en pensar que hay algo que curar”

Sorprende ver que una persona tan erudita y tan brillante en una disciplina tan compleja como la neurobiología pueda al mismo tiempo convertirse en un torbellino cada vez que sube a un escenario con su grupo de rock. Pues así es Mara Dierssen, investigadora del cerebro, referencia mundial en el estudio del síndrome de Down,  colaboradora del Barcelona Brain Health Initiative  que ha sabido mantener la frescura de una adolescente en cuanto  hablamos de expresión artística. Pero quizás se trate de lo mismo: saber mantener el entusiasmo y un actitud de apertura hacia todas las cosas que ofrece este inagotable mundo que nos rodea.

Tu padre era neurocirujano, ¿eso significa que desde pequeña te acostumbraste a hacerte preguntas acerca de cómo funciona el cerebro?
Sí, mi padre era neurocirujano y mi madre era pintora, así que en mi casa había esta mezcla entre una visión más creativa y una más científica. A mi padre le gustaba discutir y siempre adoptaba la postura contraria a la tuya. Muchas veces hablábamos de su trabajo y eso me hizo pensar mucho en por qué somos como somos. De alguna manera todos compartimos las mismas ideas. De niña a veces me entusiasmaba con una idea que había tenido y luego mi padre me decía quién la había expresado antes que yo ¡y mucho mejor! Y eso me hacía pensar. ¿Qué tendrán nuestros cerebros para que, a pesar de ser tan diferentes, tengamos ideas tan similares?

¿Cuál es la capacidad del cerebro que más te sorprende?
La actividad mental en general me parece muy sorprendente: ¿cómo es posible que de una masa de células más o menos organizadas surjan las ideas, la emoción o la creatividad? Seguimos sin comprenderlo. Encontramos correlaciones entre actividades y descargas eléctricas entre determinadas neuronas por ejemplo, pero nos queda mucho para entender el proceso.

¿Qué prevalece: las capacidades de partida o cómo tratamos a nuestro cerebro a lo largo de los años?
El cerebro es una estructura dinámica. Evidentemente hay un componente genético pero el entorno es muy importante. Hay cosas causadas por el entorno que luego se heredan, esa mezcla de elementos que nos permite ser tan versátiles y complejos. La conectividad se produce gracias a la interacción con el entorno y, como decía Cajal, “el hombre es el arquitecto de su cerebro”.

¿Qué conclusiones obtenidas en el estudio del síndrome de Down se han podido extrapolar a las personas que no lo tienen?
Se han aprendido muchas cosas porque cuando mejor puedes entender el sistema es cuando el sistema tiene alguna perturbación porque te permite establecer causalidades de forma mucho más directa. Es un campo que nos permite entender no solo la patología sino también lanzar y comprobar hipótesis acerca del funcionamiento normal del cerebro. Una de las cosas que más nos interesan en el estudio es capitalizar ese conocimiento para establecer medidas para mejorar la vida de las personas con síndrome de Down y quizás aprovecharlo por ejemplo para frenar el deterioro cognitivo causado por la edad.

En cuanto a las condiciones de vida de las personas con síndrome de Down, ¿qué se puede hacer desde las instituciones y nuestro comportamiento diario para mejorarlas?
Desde el punto de vista terapéutico, el avance en el conocimiento neurocientífico está abriendo posibilidades terapéuticas que eran inimaginables. Uno de los mayores  errores es pensar que hay algo que “curar”, porque no se trata de curar sino de mejorar sus capacidades cognitivas para que esas personas puedan valerse por sí mismas. Creo que la mejora de la calidad de vida depende de que la sociedad cambie sus actitudes. Valorar a esas personas, apreciar sus cualidades que son interesantes para todos, aprender de ellas es fundamental. A lo mejor a quien hay que curar es a los que se consideran “normales.”

¿Qué valores más importantes te han aportado las personas “diferentes” con las que has trabajado?
En general lo que es diferente no nos gusta porque nos da miedo. En el laboratorio intentamos que participe el mayor número de personas diferentes porque si mezclas personas con diferentes capacidades obtendrás resultados diferentes. Es verdad que son unas capacidades de pensar “out of the box”, o pensamiento lateral, porque tienen menos corsés que nosotros.

¿En qué medida el arte es el territorio ideal para este intercambio?
El arte es probablemente la disciplina que tiene menos corsés y donde más libertad creativa hay. En la ciencia también tienes cierta libertad pero hay normas que hay que respetar. El arte es un territorio muy adecuado para explorar esas interacciones y para que la gente se conozca y aprecie lo que los demás pueden aportar. De todas maneras la diferencia debería ser acogida en todas partes porque la diversidad es lo que te permite avanzar. Si estás siempre con gente que piensa igual que tú, no encuentras nada.

Empezaste la carrera de piano y ahora tocas en un grupo de rock (From Lost To The River) que te permite también recaudar fondos para la investigación. ¿Por qué elegiste la música?
Mi madre era pintora ¡pero yo tuve que reconocer que mis capacidades con los pinceles no era importante! La música siempre me gustó mucho, además del piano cantaba en un coro barroco. Hay estudios que revelan que cuando cantas en grupo se producen una sincronización del ritmo cardiaco y de la actividad cerebral. La música, además de emocionar, te obliga a escuchar a los demás y a sincronizarte con ellos. Además, la música es un buen vehículo para transmitir ciencia. Hacemos conciertos llamados “des-conciertos” donde vamos hablando de ciencia entre una canción y otra…

 En un artículo que publicaste en Blog Caixa Ciencia, afirmas que consumir arte es beneficioso para el cerebro, ¿cómo funciona este proceso?
La función biológica del arte es algo que todavía nos sorprende. En el arte rupestre lo que dibujas revela tus ansias de cazar. Pero ¿y la música? Muchos estudios revelan que la música surge antes que el lenguaje como medio de comunicación pero es difícil explicar por qué producimos y consumimos música y además de forma tan intercultural, porque está presente en todas las culturas. Sabemos que la música tiene efectos muy beneficiosos sobre el cerebro, actúa sobre los sistemas cognitivos, facilitando por ejemplo la comprensión. También se sabe que tiene efectos positivos sobre las personas con enfermedades degenerativas. La música es capaz de avivar un recuerdo o de favorecer la producción de dopamina, la hormona del placer. Hay muchos misterios alrededor de los efectos de la música en el cerebro pero cada vez vamos sabiendo más.

¿En qué se diferencia un cerebro creativo de uno que no lo es tanto?
Por desgracia, nuestra capacidad para ver diferencias a nivel microscópico es limitada.  A nivel estructural solo se ven diferencias en los cerebros de los músicos, concretamente  en las áreas del lenguaje. Se ven cambios en la actividad cerebral, eso sí, con todo lo que tiene que ver con el control o la atención. Pero por ahora son solo correlatos.

Algunos artistas famosos tienen trastornos de percepción y de procesamiento mental, ¿qué relación podemos establecer entre patología mental y creatividad
Hace un tiempo hicimos una exposición en la que pedíamos a diferentes hospitales obras realizadas fundamentalmente por personas esquizofrénicas y la verdad es que eran trabajos impresionantes desde el punto de vista de la emoción que generaban. Es verdad es que hay una relación entre psicopatología y creatividad, aunque no sabemos muy bien por qué. Lo cierto es que la gente con patologías tiene más tendencia a producir obras de arte. Recuerdo un músico que decía que la gente solo compone cuando está deprimida o tiene problemas…

¿La discapacidad, o lo que entendemos como tal, conlleva otras capacidades?
Hay casos de personas autistas en las que la discapacidad en algunos aspectos, especialmente en cuanto a relaciones sociales,, viene acompañada de capacidades especiales, por ejemplo en cuanto a los números. Es el caso de Daniel Tammet, autor de Nacido en un día azul, porque para él los miércoles son azules. Me contó que como tenía problemas en las relaciones sociales, a veces repetía diálogos de libros y claro, nadie le contestaba (risas). En cambio es capaz de decir no sé cuántos decimales del número pi. Lo hizo en una universidad y los científicos intentaban seguirlo con la computadora porque hasta ellos se perdían.

Si para esta nueva década que empieza pudieras pedir un deseo en cuanto a la comprensión del funcionamiento del cerebro, ¿cuál sería?
Me encantaría comprender los mecanismos causales de la memoria. De hecho estamos trabajando en una línea que me parece muy prometedora, que consiste en pensar en base a redes neuronales y no tanto a nivel molecular. ¿Cómo se produce ese trasvase de recuerdos? ¿Por qué los categorizamos en una zona del cerebro y luego los trasladamos a otra? ¿Qué sucede cuando recordamos y qué sucede cuando olvidamos? Yo creo que las nuevas tecnologías nos están abriendo unas posibilidades interesantísimas para jugar con el sistema y ver hacia dónde va la cosa.

 

 

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