¡Danzad, danzad, perritos!

País singularísimo, capaz de lo mejor y también de lo peor, lo que nadie puede poner en duda es  que Estados Unidos muestra un entusiasmo inagotable en cualquier cosa que se proponga. Sus habitantes se mueven siempre en parámetros que nos parecen tan exagerados como fascinantes en este país donde la contención no parece existir. Como si las cualidades y los defectos del mundo occidental se hubieran concentrado en este inmenso territorio  donde todo es posible siempre que se haga desde la desmesura y la pasión sin límites. Si las dosis de violencia que con demasiada frecuencia asuelan al país nos aterran y nos dejan perplejos, no podemos dejar de quedar fascinados por su sentido del espectáculo y por el empeño con el que los estadounidenses se entregan en cuerpo y alma a cualquier actividad, por estrambótica que aparezca a nuestros ojos europeos. En contraste con la gravedad de los asuntos a los que debe hacer frente el país, el “musical canine freestyle” ilustra perfectamente hasta qué punto los estadounidenses pueden llegar a tomase el ocio en serio.Ellen & Bailey West Hartford, Connecticut

Carolyn, vestida  con un traje negro ceñido y una permanente que quiere recordar a la de Olivia Newton-John, camina con determinación hasta el centro de la pista, seguida por su fiel amigo Rookie. Empieza a sonar la canción final de “Grease” y Carolyn se pone a bailar con chulería mientras Rookie se desliza entre sus piernas. A lo largo de la coreografía, ensayada centenares de veces, ama y perro tratarán de emular la famosa escena final donde John Travolta y Olivia Newton-John sellarán su amor. El público jadea a esta atípica pareja de baile, entre risas y gritos de asombro por la perfección de la ejecución. La coreografía es larga, variada y ejecutada con una precisión sorprendente y los aplausos finales coronan meses de esfuerzo, de juego y de complicidad entre Carolyn y Rookie.

 

JERRY

Nacida a finales de la década de 1980 en Canadá, la disciplina del “musical canine freestyle” alcanza todo su esplendor en Estados Unidos, lo cual no es ninguna sorpresa. ¿En qué otro país podría cuajar en estas proporciones estas coreografías donde amos y perros dan lo mejor de sí mismos para ofrecer un espectáculo de danza conjunta? La fotógrafa vasca Bego Antón aprovechó su estancia en Estados Unidos para indagar en este espectáculo tan particular y en las extrañas relaciones que se establecen entre seres humanos y animales: “Nuestras relaciones con los animales están llenas de contradicciones. Amamos a nuestras mascotas pero odiamos a algunos animales, como las ratas o las serpientes. Algunos animales nos los comemos y a otros los tratamos como miembros de nuestra familia… – asegura la joven fotógrafa – Después de ver un vídeo donde Carolyn Scott y Rocky bailaban al son de Grease, decidí centrar mi investigación en el musical canine freestyle.”

30_laurieLa joven fotógrafa quedó fascinada por esta disciplina que se distingue por la conexión que se crea entre animal y persona así como por el hecho de que se establece una relación de igual a igual entre ambos, algo inaudito en los espectáculos protagonizados por animales. Pese a que domina un espíritu deportivo alejado de las habituales competiciones profesionales, la Canine Freestyle Federation pretende que la práctica se convierta nada menos que en disciplina olímpica y sea considerada un deporte como los demás. “No nos importa tanto ganar como compartir el amor que todos sentimos por nuestros perros – señala Peter, uno de los pocos hombres participantes – Pero una representación en las Olimpiadas sería una gran victoria para todos los amantes de los animales.”

MARY-ANN

Entre frikismo y fenómeno social, entre amor insuperable por los retos y diversión de masas, el “musical canine freestyle” demuestra  que los estadounidenses pueden llegar a apasionarse por las más variopintas disciplinas mientras aparezca bajo la forma de espectáculo. Frente a las innumerables problemas sociales presentes en el país y las riquísimas expresiones culturales con las que cuenta el país, llama la atención cómo prácticas como ésta llegan a congregar a tantos aficionados y plantea un sinfín de cuestiones en torno a las relaciones que establecemos con los animales.

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